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PROGRAMA
DE EDUCACION SUPERIOR
Desarrollo
universitario
(Texto en extenso)
La
Educación Superior, en lo que se refiere
a las Universidades, ha experimentado en las
últimas dos décadas profundas
transformaciones en su organización,
funcionamiento y financiamiento. Esto, producto
de un conjunto de acciones emprendidas por el
régimen militar y de su
intervención en el sistema universitario.
Como sabemos, en 1981 el gobierno
fraccionó la Universidad de Chile en
diversas unidades conocidas como universidades
regionales y dictó la normativa legal
(estatutos) que rige la vida interna de estas
instituciones hasta la actualidad.
A
este fraccionamiento y normativa se sumó
la imposición de un nuevo sistema de
financiamiento público a las
Universidades Estatales y a otras del Consejo de
Rectores, creando el llamado Aporte Fiscal
Directo (AFD) y el Indirecto (AFI). El efecto
más grave del nuevo financiamiento fiscal
fue una drástica reducción del
aporte fiscal a las universidades del Consejo de
Rectores, cuyos efectos negativos persisten
hasta hoy. Posteriormente, el régimen
militar liberalizó la creación de
Universidades privadas, con lo que de 8
universidades tradicionales se llegó a 25
universidades en el sistema del Consejo de
Rectores y alrededor de 55 universidades
privadas, de la más diversa calidad y
nivel académico.
Estas
profundas transformaciones han tenido serias
repercusiones hasta hoy día en la
organización, orientación y
calidad del trabajo universitario y sus
resultados, lo que obliga a todo nuevo Gobierno
a realizar una evaluación y propuesta de
acción que corrija las distorsiones y
desigualdades existentes.
Si
bien estos cambios que alteraron profundamente
la vida universitaria tienen su origen en el
régimen militar, no es menos cierto que
la organización y funcionamiento de las
Universidades Estatales y el modelo de la
Educación Superior no han sido una
prioridad en la acción de los dos
gobiernos de la Concertación. Por ello,
es necesario que el próximo gobierno
realice un "giro estratégico" y que
defina una política de Estado para la
Educación Superior del Chile del
próximo siglo.
Por
su parte, la Ciencia y la Tecnología, que
es una actividad de investigación y
desarrollo fundamental para la docencia
universitaria de alto nivel y, para atender
necesidades de investigación y
transferencia tecnológica hacia el campo
productivo y el desarrollo de los servicios,
tampoco ha tenido la atención que
requiere, lo que constituye otra deuda pendiente
para potenciar el desarrollo sustentable del
país.
No
obstante, es preciso reconocer que el rezago
sufrido por la Educación Superior y
Universitaria, y por la actividad
científica y tecnológica se ha
debido en parte a la urgencia de corregir y
atender graves problemas que afectaban a nuestra
Educación Básica y Media, como la
situación de los maestros y poner en
marcha y llevar adelante la ambiciosa y vital
Reforma Educacional, que cuenta con todo nuestro
apoyo.
Cambios
en el sistema universitario para el
2000
Basándose
en estos antecedentes, el programa de
Educación Superior de la Candidatura de
Andrés Zaldívar formula las
siguientes propuestas de cambios y
acciones:
I.
Organización y Funcionamiento de las
Instituciones de Educación
Superior
El
sistema de Universidades está regido por
el concepto básico de autonomía y
de libertad académica de estas
instituciones, lo que obliga al Estado a
respetar su organización interna, sus
programas de trabajo, el desarrollo post
títulos y post grados, y el
régimen de trabajo de sus
académicos e investigadores.
Para
dictar las normas básicas de
organización interna de las
Universidades, especialmente de las estatales,
estas instituciones tienen una amplia capacidad
de decisión autónoma y libertad de
acción académica, sin perjuicio
del requisito de dictar sus Estatutos de acuerdo
a un marco jurídico común. Pero
queremos ser claros al señalar que esta
libertad académica y autonomía son
una gran responsabilidad de la comunidad
universitaria ante el país, de manera que
se le asegure a la sociedad una formación
de profesionales de alto nivel y, un trabajo de
excelencia en investigación y desarrollo
que sirva al país. Esta obligación
supone que las Universidades que reciben aportes
del Estado deben ser responsables
("accountable") del buen uso de estos recursos
públicos y deben demostrar a la
ciudadanía, bajo normas y
estándares académicos adecuados,
que funcionan con un nivel de calidad que
asegure una confianza pública
continuada.
Proposición
I
- Se
impulsará un debate amplio para formular
una política de Estado sobre la
Educación Superior.
- Se
continuará una amplia discusión
hasta lograr la aprobación de la Ley
Marco de Universidades Estatales, que
actualmente se debate en el Congreso Nacional.
Así se podrá contar con un
instrumento legal que permita dictar los nuevos
Estatutos de las Universidades Estatales en el
breve plazo.
II.
Financiamiento de la Educación
Superior
El
financiamiento fiscal de la Educación
Superior al sistema de las 25 universidades
comprendidas en el Consejo de Rectores ha estado
regido, desde 1981, por un modelo
económico que creó el Aporte
Fiscal Directo (AFD) y el Aporte Fiscal
Indirecto (AFI). En síntesis, las 25
universidades del Consejo de Rectores sufrieron
una severa reducción del aporte estatal a
este sistema, que descendió al 0.5 % del
PIB, mientras que en 1970 el aporte fiscal
alcanzó al 1% del PIB. A pesar de la
recuperación gradual que ha tenido el
aporte fiscal a las Universidades, aún no
se logra recuperar los niveles del año
1981. Esta reducción obligó a las
Universidades que reciben aporte fiscal a
obtener los recursos faltantes a través
del cobro de matrículas y aranceles, y a
competir por la contratación de
servicios, investigaciones y estudios con el
sector productivo público y privado.
Proposición
II
El
modelo de financiamiento universitario vigente
debe ser evaluado a fondo para resolver si se
debe mantener esta modalidad de aportes fiscales
o se debe formular un nuevo régimen de
financiamiento fiscal a la Educación
Superior.
III.
Becas y Créditos
Universitarios
El
principio de igualdad de oportunidades exige que
los esfuerzos del Estado por nivelar el acceso
de todos a la educación básica y
media, a través de la Reforma
Educacional, se vean continuados en las
oportunidades de acceso a la Educación
Superior.
Hoy
en día el sistema de cobro de aranceles y
matricula universitaria ha obligado a
desarrollar un esquema de becas y
créditos universitarios de origen fiscal
y de fondos propios de las universidades, que
atiende a una importante proporción de
estudiantes universitarios. Sin embargo, la
encuesta socioeconómica que se utiliza
permite a los jóvenes provenientes de
familias de muy bajos ingresos tener acceso al
crédito universitario, que cubre total o
parcialmente la matricula y el arancel
universitario. Sin embargo, esta
metodología excluye totalmente de
estos beneficios a los hijos de familias de
clase media, cuyos ingresos los discriminan
negativamente frente a los de la
situación socioeconómica
más baja.
Dicho
en otras palabras, el sistema actual niega al
joven estudioso y calificado que proviene de una
familia de ingresos medios de cualquier apoyo
económico para sus estudios
superiores.
Esta
situación está creando un
potencial factor de discriminación en el
acceso a la educación superior del
valioso potencial intelectual de la clase media
chilena, situación que debe
terminar.
Proposición
III
Todo
joven estudiante de escasos recursos y de
familia de estrato medio deberá tener
acceso igualitario, y asegurado por el Estado,
al crédito para estudios de
Educación Superior en Universidades e
Institutos Profesionales del país.
IV.
Apoyo a la Ciencia y
Tecnología
La
investigación científica y
tecnológica ha sido un área
rezagada que debe recobrar impulso. El CONYCIT
ha hecho una amplia labor de estímulo y
apoyo al desarrollo científico y a la
productividad de la investigación en el
país. Hoy persiste la necesidad de todo
país que aspira a la modernidad, a
alcanzar y a mantener un grado adecuado de
capacidad científica
tecnológica.
Proposición
IV
Las
iniciativas desarrolladas en estos años
en el campo de la Ciencia y la Tecnología
de nuestro país, con la creación
de fondos competitivos de diverso origen y
regidos por diferentes marcos institucionales,
deberán ser evaluadas en profundidad.
Asimismo, se deberá considerar la
posibilidad de promover un nuevo esquema de
organización institucional a nivel del
Estado, para que estas actividades se realicen
en forma coordinada, eficiente y con adecuada
productividad.
En
todo caso, se deberá formular una
política nacional de Ciencia y
Tecnología orientada a enriquecer el
conocimiento y a servir las necesidades del
desarrollo socioeconómico del
país.