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Andrés Zaldivar,
Proclamado Candidato a la Presidencia del País.
Discurso ante la Junta Nacional.
29 de agosto de 1998.

 

Amigas y amigos :

Al entrar a esta amplia sala, al estrechar las manos de quienes tenía más cerca, al sentir las muestras de afecto de todos ustedes, al escuchar las palabras del Presidente del Partido, pero más que nada al mirarlos, tengo el pleno convencimiento que ustedes saben, como yo, que hoy aquí, en este recinto daremos inicio a uno de los desafíos políticos más trascendentes de nuestra historia como Partido.

Hemos concurrido a esta Junta Nacional decenas de dirigentes demócratacristianos de todo el país. La presencia de ustedes muestra lo que es la Democracia Cristiana. Este es nuestro Partido. Más de 7.500 dirigentes provinciales y comunales, más de 500 concejales y alcaldes, 14 senadores, 38 diputados, la más amplia mayoría de parlamentarios, de alcaldes y de concejales que cualquier otra organización política.

Algunos al vernos dicen: "ahí está la 'máquina' de la Democracia Cristiana". Quiero responderle a quienes nos atacan que se equivocan. Esta no es una máquina, es nuestra organización de hombres, mujeres y jóvenes, que son demócratacristianos cuya vocación de vida es el servicio público.

Somos un movimiento de ideas, con vocación nacional y popular, que hemos querido trabajar por Chile, por los chilenos y chilenas, por los más pobres y los más desposeídos.

Hemos cometido muchos errores, pedimos perdón por ello, pero nadie puede discutirnos que durante 60 años hemos sido parte de la historia de nuestra patria, hemos construido parte de la historia de Chile.

Los triunfos y el poder no son, no han sido, ni deben ser la razón de ser de un político cristiano. La razón de ser, y de ahí nuestra fortaleza, es saber que aspiramos a gobernar para trabajar lealmente por el bien de la patria, de la patria toda.

Esta es la razón por la que el pueblo nos entregó su confianza, al elegir a Eduardo Frei Montalva como su Presidente en 1964. Chile no se equivocó.

Hicimos la revolución libertad y la hicimos entre todos, en especial con la participación y compromiso de los jóvenes, de las mujeres, de los campesinos, de los pobladores y de los trabajadores.

Hicimos la reforma agraria, dimos dignidad a los campesinos y vivienda a cientos de miles de modestas familias chilenas, quienes hasta el día de hoy recuerdan las llamadas 'operaciones sitio', que terminaron con la poblaciones callampas.

Hicimos la más profunda reforma educacional, que acogió a 500.000 niños que quedaban sin escuelas, sembramos de escuelas los sectores más apartados en el mundo campesino; aumentamos la escolaridad básica obligatoria a ocho años; la Universidad gratuita se abrió para la clase media y para sectores de familias modestas que soñaban con que sus hijos se hicieran profesionales; mejoramos las rentas de los profesores en el recordado 'acuerdo magisterial'; y creamos el Centro de Perfeccionamiento del Magisterio para tener más y mejor educación.

Organizamos la participación de la gente a través de la 'promoción popular', las juntas de vecinos, los centros de madres y potenciamos las organizaciones sindicales y estudiantiles. No teníamos ni tenemos miedo a la participación, confiábamos en la gente, queríamos estar cerca de todos.

Recuperamos nuestra riqueza básica: el cobre, para Chile y todos los chilenos.

Fui Ministro de Hacienda, muy joven, durante el Gobierno de Eduardo Frei Montalva, un gobierno exitoso, que Chile y todos los chilenos siempre recuerdan.

Perdimos el Gobierno el año 1970 y como demócratas de siempre acatamos la decisión de los ciudadanos. A contar de esa fecha Chile sufrió una crisis económica, social y política, tan dramática en sus resultados que perdimos la democracia.

Los demócratacristianos fuimos críticos del gobierno de la Unidad Popular. Luchamos por sostener la democracia, tratamos de abrir todos los espacios de entendimiento y diálogo, levantamos nuestra voz frente a los atropellos y arbitrariedades de la autoridad. Por algunos se nos llamó blandos e indefinidos por no participar en acciones de fuerza o violencia. Por otros se nos atacó como cómplices del golpe militar. No fuimos ni lo uno ni lo otro. Lo que fuimos o intentamos ser fue verdaderos demócratas, como siempre. Asumimos nuestra responsabilidad por la democracia perdida y como demócratas luchamos 17 años por recuperarla.

Como demócratas no nos doblegamos, nos organizamos, rechazamos la violencia como método de lucha, asumimos la desobediencia civil, la movilización social, las protestas pacíficas, la Asamblea de la Civilidad. Convocamos a las organizaciones estudiantiles y de trabajadores. Convocamos a los actores políticos, a los dirigentes sociales, al mundo de la cultura, fuimos artífices y columna vertebral de la Alianza Democrática, del Acuerdo Nacional, de la Concertación.

Así, el 5 de octubre de 1988 triunfamos en el plebiscito y abrimos la puerta a la transición democrática. Derrumbamos el muro que nos separaba de la libertad, en una epopeya democrática que el mundo entero admiró.

La Democracia Cristiana, como actor principal de la Concertación, ha presidido dos gobiernos elegidos por el pueblo por amplia mayoría, y dos de nuestros mejores hombres han presidido estos Gobiernos: Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz Tagle.

Ambos gobiernos de la Concertación han sido exitosos y han sido de toda la Concertación Sin embargo, no se puede desconocer que junto a nuestros aliados, la Democracia Cristiana ha jugado un papel crucial para dar gobernabilidad, estabilidad y paz social a Chile, como jamás se había visto en la historia de nuestro país. Chile ha tenido éxito, así lo reconoce todo el mundo. El Chile de hoy no es el mismo que el de 1990.

 

EL PAIS QUE TENEMOS

En lo político, Chile no es el mismo pues desde 1990 vive en democracia. Nuestra democracia tiene limitaciones, pero hay plena libertad, pleno respeto a los derechos humanos y plena vigencia del Estado de Derecho.

En lo Económico, Chile es un país cuyo desempeño económico es señalado como ejemplar y hay razón para así afirmarlo. Chile ha tenido un crecimiento sostenido y estable. Hemos crecido en un 7% anual. Entre 1990 y 1997 nuestro ingreso pér cápita se más que duplicó, pasando de 2.300 a 5.200 dólares. Asimismo, la inflación se redujo desde un 27% a un 5,5%. Las exportaciones aumentaron desde 8.000 a 17.000 millones de dólares. Las reservas internacionales de 5.300 a 17.000 millones y la inversión extranjera de 1.000 millones a 5.800 millones. Esta es la realidad que nos revelen las cifras de nuestra economía. En lo social el progreso no ha sido menos notable

En vivienda, en estos 9 años se han dado soluciones habitacionales a aproximadamente un millón de familias chilena.

En educación, hemos duplicado los recursos destinados al sector, mejorado con ello tanto la educación básica como la media. Por ejemplo, en 1990 el ingreso mínimo de un profesor era de $18.000, hoy, con 30 horas de clases, es de $211.300. Ahora estamos empeñados en una gran Reforma Educacional que profundizará y ampliará los logros alcanzados.

En salud, más de un tercio de la construcción de postas y consultorios ha sido realizada por los Gobiernos de la Concertación. Hay hospitales nuevos en Iquique, Los Andes, Chañaral, San Felipe, Rengo, Valdivia, El Pino y San José. Hay una larga lista de establecimientos hospitalarios que están en reparación y ampliación. Hemos también duplicado la inversión en salud aumentando el personal y sus ingresos.

En materia de empleo, se han creado 900 mil nuevos puestos de trabajo, llegando hoy a tener un desempleo del 6%. Los salarios reales han aumentado en un 30% y el salario mínimo, que era de $18.000 hoy es de $80.500. Las pensiones también han mejorado, la pensión asistencial aumentó de $4.500 a $31.000 y la pensión mínima de $21.000 a $61.000.

Uno de los logros más importantes es la reducción de la pobreza. En 1990 el 38,6% de la población vivía en situación de pobreza y hemos reducido ese porcentaje a un 23,2%. En lo referido a la población en situación de indigencia, en el mismo periodo, ha disminuido de un 12,9% a 5,8%.

En lo Internacional, nuestro país se ha insertado en la comunidad mundial. Hoy comercializamos 3.500 productos chilenos en más de 160 países y contamos con diversos acuerdos comerciales que nos integran a una economía globalizada. Todos estos son nuestros logros, logros que cuidaremos y proyectaremos con decisión.

 

EL PAIS QUE QUEREMOS, EL PAIS QUE SOÑAMOS

Para construir el país que queremos, el país que soñamos, debemos apostar por la gente, tratar de visualizar con realismo en qué hemos fallado, cuáles son nuestras deficiencias y nuestros errores. Debemos ser veraces, prudentes y modestos, y ser permanente testimonio de los valores en los que creemos.

Hemos progresado mucho pero falta por avanzar. Los países no se construyen con palabras ni voluntarismo, no se construyen con ofertas fáciles ni se engañan con el marketing. Los países se construyen con el esfuerzo y el trabajo de todos.

La gente sabe quienes somos y de donde venimos. Por ello, nuestra obligación es responderle a los chilenos y chilenas, construyendo una patria buena y justa para todos.

Las chilenas y chilenos saben que falta mucho por avanzar. Quedan 3 millones de pobres, hay desigualdades que claman a nuestras conciencias. Hay inseguridad, hay temor, la gente no se siente solidaria, sufre en silencio, ¿Dónde está el rostro humano de nuestras vidas?

Necesitamos dar respuesta a nuestra patria, que reclama igualdad de oportunidades y dignidad para todos sin excepción.

Queremos un país que viva en democracia plena y, donde la gente participe y no se sienta ausente. Queremos que todas las chilenas y chilenos sean respetados en sus derechos. Queremos una democracia sin más enclaves autoritarios.

Queremos un país cuya economía siga creciendo, pero cuyos beneficios económicos estén a disposición de todos y no sólo de unos pocos. Queremos una economía con rostro solidario, una Economía Social de Mercado.

Queremos un desarrollo económico sustentable, donde se respete el medio ambiente y se proteja la vida y la naturaleza. Queremos que nuestros recursos naturales estén al mejor servicio de la sociedad y que no se destruya la calidad de vida de la gente.

Queremos una ciudad vivible para que la familia se desarrolle y, crezca en un ambiente sano y acogedor. Una ciudad segura en que se combata duramente la delincuencia, la droga, el alcoholismo y otros flagelos.

Queremos un Chile en que toda familia, sin excepción, tenga acceso a una vida digna, donde la salud sea un derecho y no un privilegio, y que en la enfermedad encontremos consuelo y no desesperanza.

Porque queremos todo esto, nos comprometemos a realizar una profunda reforma del sistema de salud, que contemple un seguro básico para todos, y una más eficiente atención a la salud primaria y hospitalaria. No más listas de espera, no más amanecidas en las puertas del consultorio. Esto se puede realizar logrando más eficiencia en los hospitales y consultorios, descentralizando la gestión y utilizando mejor los recursos disponibles.

Nadie ni nada puede impedir esta reforma, ni intereses creados ni la defensa de intereses corporativos. La familia chilena vale más y clama por una solución a los problemas vinculados a la salud.

Las familias chilenas también sufren de falta de igualdad de oportunidades en la educación y el trabajo. Es el caso de la educación superior y, profesional y técnica. Digámoslo con franqueza, las familias de clase media tienen enormes dificultades para mandar a sus hijos a la universidad o a un instituto profesional y técnico. ¡Cuánta impotencia la de esos padres que han puesto su esfuerzo en la educación de sus hijos sin poder lograr sus legitimas aspiraciones! ¡Cuánta frustración la de los jóvenes que ven abortados sus sueños! ¡Cuánta creatividad está perdiendo Chile!

Debemos comprometernos a reformar el sistema de financiamiento de la educación, de tal forma que ningún joven capaz quede marginado de la educación por razones económicas. Debemos comprometernos a establecer y potenciar la enseñanza de oficio, como la que existe en Alemania, uno de los países más avanzados del mundo. Todo joven que no puede o no quiere acceder a la universidad o a una profesión, tiene derecho a recibir formación de oficio, que le permite trabajar y forjarse su propio destino, no quedando marginado de la sociedad. Actualmente, todos los años 80.000 jóvenes quedan al margen de la sociedad en nuestro país.

Queremos una sociedad más sensible con sus ancianos y sus enfermos. Queremos un país que escuche y atienda las justas demandas de las minorías étnicas. Debemos comprometernos con nuestros pensionados para asegurar que, al menos, en un plan de cinco años ninguna pensión mínima sea inferior a un salario mínimo. Es lo menos que podemos hacer por estos hombres y mujeres que han entregado su vida al país. Son nuestros padres, nuestros abuelos, no los podemos abandonar.

Queremos un Chile que crea en sus jóvenes. Mi experiencia me dice que cuando se deposita confianza en los jóvenes, ellos despliegan la vitalidad que necesitamos como sociedad.

Queremos un Chile en el que se desarrolle más plenamente la ciencia y la cultura. No podemos aceptar que unos pocos pretendan monopolizar la cultura y su expresión. Debemos desarrollar el arte, la ciencia y el conocimiento, y ser vanguardia en esta tarea. Apostemos por un Chile en que, en la aurora del próximo milenio, nazcan muchas Gabrielas, Violetas, Nerudas, Huidobros en las pampas, en los cerros, en los poblados y en los barrios.

El Chile que queremos no es un Chile de individuos aislados, sino un Chile de personas unidas a través de sus comunidades: la familia, el centro de padres, la junta de vecinos y todas las formas de convivencia que enriquecen a la persona.

Queremos un Chile impregnado de sentido, que crea en su propio destino como Nación. Un Chile que tenga un alma fuerte, con identidad y trascendencia.

 

COMO CONSTRUIR EL CHILE QUE QUEREMOS

Para construir el Chile que queremos trabajaremos por una democracia perfeccionada, más descentralizada y participativa. El próximo gobierno debe ser el de la descentralización. Convocaremos a una gran alianza a las municipalidades, gobiernos regionales y al amplio mundo de la sociedad civil, para producir en Chile un claro traspaso de poder hacia la comunidad.

El próximo gobierno se jugará por tener municipios fuertes. Confiamos en la gestión municipal y por eso la apoyaremos sin restricciones.

Para construir el Chile que queremos y afrontar los nuevos desafíos del siglo XXI, es indispensable ampliar las fuerzas sociales y políticas que hoy forman la Concertación de Partidos por la Democracia.

Nos debemos dar cuenta de las nuevas realidades sociales y abrirnos decididamente a dar participación real y efectiva a otros sectores representativos de la sociedad, en especial a los sectores independientes y, a las organizaciones sociales y gremiales.

Comprometo a mi gobierno a hacer efectiva esta participación. No aceptaré sectarismo ni cuoteos de ningún tipo, ya que necesitamos que el país sienta que puede disponer de sus mejores hombres y mujeres, sin discriminación de ninguna especie.

 

LA DEMOCRACIA CRISTIANA

La Democracia Cristiana desea encabezar el tercer gobierno de la Concertación. Hemos demostrado al país que tenemos capacidad de gobernar y de gobernar bien.

Es indispensable generar lazos de confianza, que le muestren a la gente que hay ciertas pautas de estabilidad que evitan sobresaltos innecesarios.

Lo digo con fuerza y convicción, nosotros garantizamos la estabilidad y la gobernabilidad. La Democracia Cristiana tiene una gran capacidad articuladora, esa fuerza nos ha ayudado y ayudará a lograr los consensos nacionales necesarios, para que la democracia se asiente en cimientos sólidos.

En nada afectan estas afirmaciones en nuestro compromiso con la Concertación. Reitero lo que he dicho en tantas otras ocasiones: creo que en nuestro tiempo la Democracia Cristiana tiene un espacio propio dentro de la Concertación. Nos mantendremos unidos en la Concertación porque compartimos la convicción de que ha sido una alianza política exitosa, una alianza que es necesaria para que Chile afronte los desafíos del siglo XXI y pueda construir una sociedad que responda a las justas aspiraciones de su gente.

 

EL PARTIDO QUE NECESITAMOS

Amigas y Amigos:

Aprendamos de nuestra historia: los líderes por si solos no llegan a La Moneda. Al comienzo los ciudadanos se preguntan quién es el que llega, pero a poco andar se preguntan quiénes lo acompañan, quiénes lo respaldan.

He sido y soy democratacristiano, y me siento orgulloso de serlo. No voy a disfrazar mis convicciones por ningún motivo. En mi trayectoria pública todos saben bien quien soy. Soy el mismo de los 60, el mismo de los 70 y los 80. El mismo de siempre.

Aquí, en mi partido me he sentido como en mi gran familia, he recibido honores y cariños. He sufrido las derrotas, la persecución y exilio junto a todos ustedes. He celebrado las victorias y he tratado de cumplir con esfuerzo y entrega las tareas que me han sido encomendadas. Pido perdón si he fallado o si a alguien he herido en el camino.

Necesito un Partido generoso, ejemplar, duro ante la corrupción y el padrinazgo. Necesito un partido abierto hacia la gente, que se juegue por la gente. Necesito un Partido unido, con valores y con ideas.

Necesito que, desde hoy, todos y cada uno vaya a todos los rincones a llamar a las chilenas y chilenos, a los jóvenes, ancianos, campesinos, trabajadores, empresarios y emprendedores, a los actores de la cultura y el saber, a los líderes espirituales, a todos sin excepción.

Debemos decirles que necesitamos nuevamente el apoyo y confianza de la gente, que queremos seguir construyendo la patria digna y justa que soñamos.

La tarea que tenemos por delante es inmensa. Necesito que me otorguen su confianza para ejercer mi liderazgo.

Desde hoy sepan que con el apoyo generoso de todos ustedes, soy y seré el candidato de todos y cada uno de los chilenos. Quiero representar los anhelos de la patria toda.

Amigas y amigos de tantas gestas, de tantas luchas, hoy los puedo mirar de frente y decirles: ustedes me conocen. Me han visto en sus calles, en sus casas, en sus pueblos y ciudades. Me conocen en los momentos de alegría y en los de tristeza. En los triunfos y en las derrotas. Me conocen con cargos y sin ellos. Me han visto llegar del exilio sin amargura y sin odio. Me han visto llegar al Senado sin arrogancia.

Ustedes, más que nadie, saben que siempre he sido el mismo. Que lo soy no es por conveniencia, sino simplemente por lo que aprendí en el hogar de mis padres y con mi familia. Hoy, ante ustedes y ante el país, nuevamente declaro que creo en la democracia, creo en la libertad y en la justicia, y creo en la familia. Creo que la familia es donde más se juega la felicidad de las personas y es el lugar donde se fraguan los valores de convivencia con los demás.

Mi mujer, mis hijas, mis nietos y nietas, aquí presentes, son mi fuerza y mi compañía, la que todos necesitamos para realizarnos en plenitud.

Por eso yo les doy mi palabra: ¡Entraré a La Moneda y al igual que Eduardo Frei Montalva, Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz Tagle, para servir y gobernar con las puertas abiertas a todos, en especial a los más humildes. Estaremos juntos como siempre en esta gran empresa. Saldré con la frente en alto habiendo entregado lo mejor que tenía por mi Patria!

Que Dios me ayude y me de fuerza.

 

Andrés Zaldívar L.

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